[Audio] No existe evidencia que sugiera que se llevaran a cabo tratamientos de ortodoncia durante la prehistoria; sin embargo, es un hecho que las maloclusiones comenzaron a manifestarse en los seres humanos en ese período. Este fenómeno se remonta al Paleoceno, hace aproximadamente sesenta millones de años..
[Audio] Los primeros simios aparecieron en la Tierra hace sesenta millones de años. Diez millones de años después, durante el Eoceno, el tronco de los prosimios se dividió en dos grandes ramas: una que dio origen a los pequeños primates y otra que dio lugar a los grandes primates. Hace aproximadamente siete millones de años, en la rama de los grandes primates, surgieron los primeros homínidos, parientes de los chimpancés, gorilas, orangutanes y gibones..
[Audio] Durante el Plioceno, o Pre-Paleolítico, hace aproximadamente siete millones de años, se llevó a cabo en África central la mayor parte del proceso de hominización. Este proceso fue el resultado de una serie de lentas transformaciones biológicas y anatómicas impulsadas por el cambio climático. A medida que el clima se volvía más seco, los árboles se dispersaron y los bosques se redujeron, dando paso a la aparición de las sabanas. Esta transformación ambiental llevó a los simios a descender de los árboles y comenzar a desplazarse por el suelo, inicialmente a cuatro patas y, con el tiempo, adoptando una postura bípeda. Este cambio hacia la bipedestación fue fundamental en el proceso de hominización. Los homínidos de este período aún no eran capaces de fabricar herramientas complejas de piedra tallada; por lo tanto, no se les clasifica como Homo, sino como Pithecus..
[Audio] Hace seis millones de años, apareció el Ardipithecus, conocido como "ARDI", que ya mostraba una pelvis adaptada para la bipedalidad en el suelo. Sin embargo, aún conservaba un pulgar del pie oponible, lo que le permitía trepar por los árboles. Además, poseía brazos largos y manos grandes, lo que dificultaba una marcha totalmente erguida..
[Audio] Más tarde, hace aproximadamente cuatro millones de años, emergió un homínido más evolucionado: el Australopithecus afarensis, conocido popularmente como "Lucy". Este homínido exhibía una marcha bípeda más avanzada que la de su antepasado, ya que había perdido su pulgar oponible debido a la falta de necesidad de trepar a los árboles en busca de alimento. Sin embargo, aún conservaba brazos largos, lo que dificultaba su eficiencia al caminar..
[Audio] Alrededor de dos millones y medio de años antes de Cristo, durante el Paleolítico, surgieron los primeros Homo habilis, quienes fueron capaces de fabricar herramientas de piedra y palos. Posteriormente, aparecieron los Homo erectus, que podían caminar de manera similar a los humanos modernos. Gracias a sus piernas largas y brazos cortos, eran capaces de recorrer grandes distancias y correr con eficacia por la sabana. Eran nómadas, cazadores y recolectores, y también descubrieron el uso del fuego..
[Audio] Las arcadas dentales de los Homo erectus eran más amplias y presentaban una forma parabólica. Su dieta, compuesta principalmente de carne cruda o poco cocinada y raíces duras y fibrosas, requería una considerable fuerza masticatoria. Presentaban una oclusión borde a borde en los incisivos, resultado del rápido desgaste oclusal e interproximal. La prevalencia de apiñamiento, así como la falta de espacio para los terceros molares, era notablemente baja, casi no presentaban maloclusiones ni problemas de apiñamiento..
[Audio] Hace aproximadamente 1.8 millones de años, como resultado del cambio climático, los Homo erectus iniciaron un proceso de migración lento y continuo desde África hacia Asia y Europa. Su trayecto se llevó a cabo a través de dos vías principales: - El Corredor Levantino o Ruta Principal, cruzaba el istmo de Sinaí hacia lo que hoy conocemos como Israel, Jordania y Siria. Se considera la ruta más transitable, conectando directamente con las sabanas de Eurasia. - El Estrecho de Bab el-Mandeb era la Ruta Alternativa. Algunos investigadores sugieren que pudieron cruzar a pie el extremo sur del Mar Rojo hacia la Península Arábiga durante períodos de glaciación, cuando el nivel del mar era extremadamente bajo y la distancia marítima era prácticamente inexistente. Desde estas regiones, se dispersaron por el Sureste Asiático a través del Cáucaso y por Europa a través de los Balcanes. Sin embargo, nunca alcanzaron América ni Oceanía; estas áreas del planeta no serían colonizadas hasta la aparición del Homo sapiens muchos años después..
[Audio] Los Homo erectus evolucionaron gradualmente en diversas regiones: - Aquellos que arribaron a Asia Central se transformaron en el Hombre de Pekín o el Hombre de Java. Los que llegaron a Siberia evolucionaron hacia los Denisovanos, mientras que los que alcanzaron Indonesia se convirtieron en Homo floresiensis y los que llegaron a Filipinas, en Homo luzonensis. - En Europa, el Homo erectus se transformó inicialmente en Homo antecesor, hallado en Atapuerca, España. A partir de este, surgió el Homo heidelbergensis, que se considera un ancestro directo del Homo neanderthalensis (Neandertales), una especie adaptada a los climas fríos y glaciares de la región. - Por otro lado, los Homo erectus que permanecieron en África también continuaron su propio curso evolutivo, transformándose en Homo heidelbergensis africano (o Homo rhodesiensis), que finalmente dio origen al Homo sapiens. Esto sucedió hace aproximadamente trescientos mil años..
[Audio] Hace aproximadamente sesenta mil años, tuvo lugar una segunda gran migración africana. Esta migración fue llevada a cabo por el Homo sapiens, quien se desplazó desde el sur y centro de África hacia el resto del mundo, lo que resultó en una dispersión global definitiva. De este modo, los Homo sapiens no solo colonizaron Europa y Asia, sino que también se establecieron en todos los continentes restantes, como América y Oceanía. Inicialmente, coexistieron con otros homínidos que habitaban esas regiones, como los denisovanos en Asia y los neandertales en Europa; sin embargo, con el tiempo, fueron reemplazándolos. El Homo sapiens se quedó completamente solo en el planeta hace aproximadamente cuarenta mil años..
[Audio] A medida que los homínidos se erguían y abandonaban la marcha cuadrúpeda en favor de la bipedestación, su estructura facial experimentó modificaciones significativas, incluyendo el posicionamiento de sus dientes. El macizo facial sufrió un proceso gradual de reducción del prognatismo, alcanzando el ortognatismo característico del Homo sapiens, lo que se traduce en un perfil facial plano y vertical. Este cambio conllevó una notable disminución del espacio disponible en las arcadas dentales, afectando la disposición adecuada de los dientes..
[Audio] Inicialmente, cuando los homínidos se desplazaban en cuatro patas, su rostro presentaba una notable protrusión, caracterizado por maxilares prominentes que facilitaban una alineación óptima de los dientes. Esta particularidad se debía a que la gravedad ejercía una fuerza hacia abajo en la parte anterior del rostro, lo cual alargaba la longitud de las arcadas dentales..
[Audio] Sin embargo, a medida que se desarrolló el proceso de bipedestación, la acción de la gravedad provocó que la cara dejara de ser protrusiva, adoptando un aspecto más retrusivo y vertical. Este cambio podría haber contribuido a la aparición de apiñamiento dental..
[Audio] Los australopitecos se caracterizaban por un notable prognatismo, presentando una cara marcadamente protrusiva y una falta de nariz y mentón definidos. En contraste, los Homo sapiens muestran una estructura facial más retrusiva, lo que ha permitido el desarrollo de características distintivas como la nariz y el mentón..
[Audio] Como se puede observar, los australopitecos poseían un tamaño de arcada dental significativamente mayor en comparación con el de los Homo sapiens..
[Audio] La bipedestación provocó cambios posturales y respiratorios que alteraron la posición de la base craneal y la laringe. Estos cambios estructurales en la prehistoria hicieron que la especie humana fuera más propensa a la respiración bucal y a disfunciones en la deglución, factores que afectaron el crecimiento facial, resultando en un desarrollo más vertical de la cara. Esta verticalización condujo a una reducción significativa en la longitud de las arcadas dentales, lo que a su vez favoreció la aparición más frecuente de apiñamiento y maloclusión..
[Audio] Entre los diez mil y los ocho mil años antes de Cristo, se produjo un periodo de transición entre el paleolítico y el neolítico, conocido como mesolítico, caracterizado por el fin de las glaciaciones y el aumento de las temperaturas. La introducción gradual de técnicas de cocción, resultado del descubrimiento del fuego, comenzó a disminuir la severidad de la atrición dental, lo que facilitó la aparición de apiñamientos leves. Además, existen registros de figuras espirituales, como chamanes, brujos, curanderos o sacerdotes, quienes combinaban el conocimiento empírico de la naturaleza con rituales mágicos y religiosos. Estos individuos utilizaban sus manos y diversos instrumentos de piedra para llevar a cabo tratamientos dentales..
[Audio] Alrededor del año 8000 antes de Cristo, surgieron la agricultura, la ganadería y un estilo de vida sedentario en poblados, junto con el uso de la piedra pulida. Esta etapa marcó el inicio del Neolítico. Con el cambio en los hábitos alimenticios, comenzaron a observarse un aumento en los casos de maloclusiones. La domesticación de plantas y animales resultado la aparición de alimentos más blandos y procesados. Como consecuencia, el hueso maxilar y mandibular experimentaron una reducción en tamaño y densidad debido a la disminución de su estimulación mecánica durante el desarrollo, mientras que el tamaño y número de los dientes se mantuvieron genéticamente estables. Esto generó un incremento en los casos de apiñamiento dental, retención de cordales y maloclusiones. En los yacimientos arqueológicos de este periodo neolítico, se puede observar que los seres humanos ya presentaban, de manera frecuente, dientes apiñados y maloclusiones..
[Audio] Al final del Neolítico, aproximadamente en el año 6000 antes de Cristo, surgieron las primeras evidencias de la fundición de metales en el Oriente Próximo, especialmente en regiones como Anatolia y los montes Zagros. El primer metal utilizado fue el cobre, que comenzó a moldearse a través de la forja y la fundición. Posteriormente, se descubrió la aleación de cobre con estaño, dando lugar al bronce, un material mucho más duro y resistente. Finalmente, se desarrolló la metalurgia del hierro, lo que permitió la fabricación de herramientas y armas más robustas. Además, se empezaron a forjar punzones, palancas y las primeras pinzas o tenazas metálicas. Aunque estas herramientas se diseñaban principalmente para la artesanía, la agricultura, la ganadería, la carpintería y la guerra, su resistencia las hacía ideales para sujetar con firmeza un diente infectado y extraerlo de la mandíbula. Durante este período, las exodoncias dentales dejaron de ser practicadas por chamanes y comenzaron a ser realizadas por herreros o artesanos capacitados en la forja del metal, quienes poseían tanto la fuerza física necesaria como las herramientas adecuadas para ejercer palanca..
[Audio] El estudio de los cráneos ancestrales revela que la maloclusión, caracterizada por dientes apiñados o desalineados, es fundamentalmente una enfermedad de la civilización, prácticamente inexistente entre nuestros antepasados hasta el período neolítico. Durante el paleolítico, los cráneos de nuestros ancestros exhiben dentaduras casi perfectas, con arcadas dentales amplias y suficiente espacio para la erupción de los terceros molares (muelas del juicio). No fue sino hasta la aparición de la agricultura en el neolítico que el apiñamiento dental comenzó a manifestarse de manera recurrente en los seres humanos. Este fenómeno parece estar relacionado con el hecho de que los cazadores-recolectores del paleolítico consumían alimentos duros, fibrosos y crudos que requerían una masticación vigorosa. Este esfuerzo muscular constante estimulaba el crecimiento óptimo y transversal de los huesos maxilares y mandibulares durante la infancia. La transición hacia dietas más blandas e industrializadas durante el neolítico redujo la necesidad de estímulo mecánico en la masticación, lo que resultó en maxilares más pequeños, donde los dientes no encajaban adecuadamente. Además, durante el paleolítico, la dieta dura provocaba una fricción constante entre los dientes, que no solo desgastaba las superficies masticatorias, sino que también abría los puntos de contacto entre diente y diente. Este desgaste contribuía a disminuir el diámetro total de los dientes a lo largo de la vida, permitiendo que la dentición se "acomodara" de forma natural hacia el frente, liberando espacio para la erupción de las muelas del juicio. Este desgaste dental fisiológico se redujo significativamente cuando, durante el neolítico, los seres humanos comenzaron a alimentarse de dietas mucho más blandas produciendo así apiñamiento..